NOMENCLATURA
Denominación
Tlaquepaque
Toponimia
Según los autores el vocablo se deriva de Tlacapán: “hombres fabricantes de trastos de barro”; pero para otros como el Sr. Arreola, la palabra Tlaquepaque significa: “Lugar sobre lomas de tierra barrial”. Otras opiniones: Tlaquepaque, de Tlalipac: “Buenavista”, según el Sr. Anasagasti y Llamas; “Vista Alegre” o “Campos Alegres” de acuerdo a Dávila Garibi; “Lugar que alegran las aguas”, apunta Ibarra de Anda; Rivera McGregor dice que Tlaquepaque significa “Lugar de casas blanqueadas”; Molina afirma que Tlacpac, raíz del nombre actual del municipio, es: “Arriba en lo alto”, o “Encima de algo”. Muy honesta es finalmente la explicación que da don Jorge Munguía Martínez: “Tlaquepaque” (cabecera municipal de ese nombre). Raíces desconocidas. Lo más probable es que se refiera a Tlokenauake, nombre del dios impersonal de los nahuas (sin confirmación).
Escudo
Este escudo fue diseñado por el Padre José Trinidad Laris en el año de 1940, cuando se conocía a esta población con el nombre de San Pedro.
En el escudo se presentan símbolos de las culturas prehispánica y colonial que florecieron en esta región. El escudo de armas está dividido en 4 cuarteles: en el cantón diestro del jefe, en campo de azur una cazuela, una jarra y un juego de taza y plato en oro perfilados de sable; en el cantón siniestro del jefe, en campo de oro dos brazos cruzados, el desnudo es de Cristo en su color natural y el de San Francisco en el color del hábito franciscano. En el cantón diestro de punta, en campo de oro un horno alfarero de gules; y en el cantón siniestro de punta, en campo de azur las llaves de San Pedro en oro y el gallo de la Pasión en plata. El escudo aparece rodeado de lambrequines como follaje heráldico y está timbrado por casco de tres rejillas coronado por airón y una cruz latina con la divisa "ARS FIGULI" (El Arte del Alfarero), y soportando el escudo un lema en banderola con la inscripción: "PRIMA OPERA FIGLINAE HOMO" (La Primera Obra de Barro fue el Hombre).
El azur (azul), es símbolo de justicia, celo, verdad, lealtad, caridad, realeza y serenidad. Los artículos de barro representan la actividad alfarera de la población. El oro, es símbolo de nobleza, magnanimidad, riqueza, poder, constancia, fuerza, fe y pureza. Los brazos cruzados significan la aceptación de la doctrina cristiana, traída por los franciscanos. El sable (negro), es símbolo de prudencia, tristeza, rigor, honestidad y obediencia, representa a la ciencia y a la aflicción. El gules (rojo), es símbolo de valor, atrevimiento e intrepidez. El horno significa el medio por el cual las piezas de barro alcanzan su fase final, en el proceso artesanal al que se dedican los moradores de la villa alfarera.
Las llaves, significan que el pueblo fue encargado a San Pedro, y desde la Conquista es su santo patrono.
HISTORIA
Reseña Histórica
Antes que los españoles llegaran a estas tierras, los pueblos: Toluquilla, Zalatitán, Coyula, Tateposco, Tlaquepaque, Tapechi (Tepetitlán), y Tequepexpan, formaban con Tonalá un reino, gobernado por una mujer llamada Cihualpilli Tzapotzinco.
Estuvo habitado por indígenas tonaltecas y más tarde por los tecos que se encontraban en el lugar a la llegada de los españoles.
Era un poblado prehispánico asentado en un montecito donde construyeron casitas de zacate y apenas llegaba a los 500 habitantes.
En marzo de 1530, llegó a estas tierras Nuño de Guzmán y su gente, entrando por San Martín de las Flores, llamado antes Tlaxicoltzingo; al saber los naturales de la aproximación de los españoles, se dividieron en dos bandos, pues mientras la reina Cihualpilli y algunos señores opinaban por hacerles una recepción pacífica dado su invencible poderío, otros pretendían que se les resistiese.
Los partidarios de la paz mandaron al encuentro de los españoles una delegación integrada por nobles y gobernantes de los diversos pueblos del reino.
Del pueblo de Tlaquepaque iban Coyotl, Chitacotl y Tonatl; Xonatic, Cuauhuntin y Oceotl, del pueblo de Tetlán; Coyopitzantli del de Tzalatitán; Timoac y Oxatl, del de Atemaxac, Ipac, del de Ichcatlán, y Tzacamitl del de Xocotán, éstos con un obsequio de gallinas, huevos, miel, ahuacates, cebollas y algunos frutos para decirles que ya tenían noticias de su venida y que los esperaban amigablemente. Fue entonces Guzmán bien recibido por la reina de Tonalá, siendo ésta bautizada con el nombre de Juana Bautista Danza, este nombre resultó ganador de una rifa que hicieron de nombres tales como Petra, Micaela y Juana, Danza, por que ella dispuso una danza en honor de los españoles.
Antes de entrar a la ciudad, ésta, mandó a varios de sus hombres a requerir a los rebeldes quienes obtuvieron por respuesta una gran gritería y una lluvia de flechas. En forma valiente los que se oponían se enfrentaron al ejército de Guzmán, cuando éste les requirió la paz y el resultado del encuentro fue desfavorable para los naturales de la tierra. Todos los rebeldes estaban capitaneados por el señor de Tetlán, Tlaquitehuitli, también por los nobles indios Cuautipizahuac, y Catipamatac. Así, el 25 de marzo de 1530, Nuño de Guzmán tomó posesión del reino de Tonalá y naturalmente de los pueblos sujetos, entre ellos Tlaquepaque.
En 1548, el poblado recibe el nombre de San Pedro, por sugerencia de Fray Antonio de Segovia y durante la colonia y todo el siglo XIX, sólo con ese nombre se le conoció. Desde la segunda mitad del siglo XVI adquirió el carácter de corregimiento sujeto a la jurisdicción de la ciudad de Guadalajara. Asentados los españoles en Guadalajara empezaron a ejercer control político y religioso en los pueblos aledaños, y las autoridades de la incipiente Perla Tapatía ordenaron que San Pedro habría de entregar un tributo de acuerdo con el número de habitantes y en concordancia con sus ocupaciones. Así, de esa manera, en 1551 vinieron y dejaron clara la orden al encomendero de que religiosamente se cumpliera con ese tributo. San Pedro, de acuerdo al mismo censo que se levantó para la transacción del impuesto, tenía 1416 habitantes viviendo en 177 jacales. El tributo que impusieron fue de cuatro cargas de yerba al día; diez gallinas de Castilla, diez cargas de leña y cinco indios de servicio a la semana; treinta mantas, cuarenta tapatíos, veinte pares de cotaras, seis panes de sal y dos jarros de miel, cada dos meses; cuatrocientas hanegas de maíz y veinte hanegas de chile, cada año.
En el año de 1600, San Pedro, tenía menos habitantes que Toluquilla, que hoy pertenece a Tlaquepaque. Don Alonso de la Mota y Escobar dice: “saliendo, pues, de Guadalajara por el camino que cae más hacia el oriente, se va al pueblo de San Pedro de cien vecinos indios...”
Hacia 1621, San Pedro era doctrina de religiosos franciscanos del convento de Guadalajara.
La mañana del 26 de noviembre de 1810, Hidalgo hizo su entrada a San Pedro donde lo obsequiaron con un espléndido festín y por la tarde entró triunfante a la capital.
En 1821, Tlaquepaque es la cuna de la proclamación de la Independencia de Jalisco, por el brigadier Pedro Celestino Negrete, ya que el documento es firmado en la villa el 13 de junio del mismo año.
Conforme al decreto del 27 de marzo de 1824, San Pedro pertenecía al Departamento de Guadalajara.
En 1825, San Pedro aparece registrado como pueblo con ayuntamiento que comprendía a los pueblos de San Andrés, Santa María, San Sebastián; estando sujeto al Departamento y 1er. cantón de Guadalajara, desde esa fecha.
El célebre don Manuel López Cotilla, funda en Tlaquepaque las primeras escuelas oficiales para ambos sexos, esto en 1835.
En 1843, San Pedro tenía ya categoría de Villa y comprendía tres ranchos. Por decreto numero 366 del 27 de septiembre de 1873 se erige una directoría política en la villa de San Pedro comprendiendo los pueblos de San Andrés, Tetlán, Tateposco, Santa Ana Tepetitlán, San Martín, Toluquilla, San Sebastianito y Santa María.
La Reforma: el 14 de febrero de 1858 Juárez llegó a Tlaquepaque, siendo recibido por los comisionados de los tres poderes. El 22 de marzo del mismo año se firmaron en Tlaquepaque unos acuerdos, según los cuales, las fuerzas victoriosas no perseguirían a quienes habiendo coadyuvado al sostenimiento de la legalidad permanecieran en Guadalajara, se mantendría a los militares en sus empleos y las fuerzas que guarnecían Guadalajara quedaban bajo las órdenes del ejército restaurador. Estas proposiciones firmadas por los comisionados de ambos bandos han pasado a la historia como Los Tratados de Tlaquepaque.
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